La cultura del esfuerzo

Por un comunicado de la OIT

Un nuevo estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), contrasta experiencias de trabajo infantil. Desarrollada en el marco del proyecto Measurement, Awareness-Raising, and Policy Engagement to Accelerate Action against Child Labour and Forced Labour (MAP16). Desde la OIT Argentina, en marco del Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil. La investigación demostró que las dinámicas familiares en torno del trabajo de niños niñas y adolescentes que se centran en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Se destacan en la campaña #InfanciasEnJuego, promovida por la OIT Argentina como parte de las actividades del Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil. Financiado por el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos (USDOL).

Un caso es el de María tiene 12 años y sueña con ser paleontóloga. Pero su madre está enferma. Entonces la niña deja la escuela para ocuparse de las tareas del hogar, como cocinar, cuidar a sus hermanos, lavar y planchar ropa, mientras su padre trabaja. “Aprendí corte y confección y también empecé a trabajar arreglando cierres de camperas y esas cosas”, recordó.

Hoy María tiene 61 años y vive en una localidad del partido de Tigre, en la provincia de Buenos Aires. Su testimonio es uno de los tantos que recopiló esta investigación publicada por la oficina de la OIT del país. Sus investigadores e investigadoras en Trabajo Infantil y dinámicas infantiles son Corina Foressi, Luis Costa y Cristóbal Morano. 

Volviendo al caso, María también explicó que su hijo transitó un camino similar al que ella pasó hace veinte años atrás. Ese adolecente ahora es padre de dos niñas, por ende debió abandonar su educación para trabajar a tiempo completo. “Hoy mi nieta de 13 años también trabaja, pero pocas horas, sin dejar la escuela”, explicó María. 

La niña acude tres veces por semana al emprendimiento de sus tías, vendiendo ropa usada y también plancha y cose. “Me gusta que tenga esa responsabilidad, ella se comprometió. Aunque me parece que es chiquita, pero es cosa mía”, dijo María, para quien esta actividad es bien vista: “Se toma una responsabilidad, se da cuenta lo que es ganar un peso. Tenés que valorar tu sacrificio y no gastar la plata en cualquier pavada”. 

De acuerdo con la coordinadora nacional del proyecto MAP16, Bárbara Perrot, el estudio se propuso indagar en la construcción de sentido en torno al trabajo de los niños, niñas y adolescentes, caracterizar las tareas productivas que realizan y los vínculos y tensiones con el acceso a la educación y al esparcimiento.  “Nos interesa analizar los factores que intervienen en las distintas estrategias familiares y derivan en que un niño, niña o adolescente trabaje”, dijo Perrot, quien precisó que el estudio se enfocó en esos casos que pertenecen a hogares económicamente vulnerables.  

En la mayoría de los casos, el trabajo son tareas como limpieza, cocina y de cuidado son las más frecuentes. Los adolescentes de entre 16 y 17 años trabajan, en su mayoría, fuera de sus casas en sectores como jardinería y construcción.  El porqué, en los casos analizados, es que sus familias no tienen ingresos económicos suficientes, por falta de protección social o que los adultos naturalizan el trabajo infantil. Por lo cual, la mayoría de los niños y las niñas se ven obligados a abandonar la escuela.

Algo a destacar, es que en el actual contexto de la pandemia de la COVID-19, una gran cantidad de adolescentes debió interrumpir su escolarización por falta de conectividad o de dispositivos para conectarse a las clases. Además, al no tener que asistir a la escuela y, como consecuencia de la situación económica de sus familias, las y los niños que trabajan por más horas. “En algunos hogares, se ve al trabajo infantil como una oportunidad de aprendizaje, de preparación para la vida adulta y no se percibe claramente el costo que tiene en el desarrollo de una niñez plena”, afirmó la coordinadora nacional del proyecto. 

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