M.I.G.A, un colectivo de mujeres gastronómicas en busca de la igualdad de género

Por Josephina Herrera

Desde un comienzo, como costumbre social, la importancia de las mujeres en la cocina se convirtió en una cuestión notable e imprescindible ya que son aquellas abuelas, madres e hijas las que se encargan de transmitir de una generación a otra las recetas de familia, que luego se convierten en platos icónicos para cada uno. Sin embargo, en el sector gastronómico y en sus grandes industrias todo es diferente, porque quienes tienen el control son los gorros blancos masculinos, mientras que el grupo femenino se encuentra tras bambalinas. De acuerdo a un informe de ONU Mujeres, se detalla que el 90% del reconocimiento se lo llevan los hombres porque no resulta para nada fácil distinguir el papel de la mujer en esta área,  y menos del 4% obtuvo tres estrellas Michelin (esta última es la clasificación más alta que se puede obtener). Además de que ellas reciben un 20% menos de salario que los hombres jefes de cocina. 

Actualmente esta tendencia fue evolucionando y fomentando la creación de organizaciones que impulsan a las mujeres a tomar el liderazgo, ponerse al frente de diversas tareas y desempeñar los cargos más importantes dentro de una cocina profesional. Tal es el caso de Mujeres Impulsoras de la Gastronomía Argentina (M.I.G.A), fundada hace tres años por dieciocho periodistas y comunicadoras del sector que ponen énfasis en visibilizar el rol de la mujer. “La idea surgió en un momento donde el movimiento feminista cobró un registro en todo el mundo y una dimensión de extremo alcance. Fue como respuesta a la necesidad de dos cuestiones: la brecha laboral existente en materia de derechos y la urgencia de visibilizar el trabajo de todas las mujeres involucradas en la cadena gastronómica, desde las productoras hasta las cocineras, sommeliers y bartenders, entre otras”,dijo la periodista y fundadora María De Michelis. Uno de los fines concretos de este colectivo es lograr su federalización para que cada provincia argentina esté representada con las distintas problemáticas que afronta el rubro.

M.I.G.A tiene un corto recorrido y una gran convocatoria. “En noviembre del año pasado organizamos una reunión en el Centro Cultural Kirchner (CCK) para presentar el proyecto y plantear los objetivos del mismo. No creíamos que iban a asistir tantas personas hasta que terminó siendo una reunión multitudinaria de 150 mujeres”, expresó De Michelis y agregó: “estábamos todas las voces femeninas unidas por una mirada sobre la gastronomía que trasciende recetas y cacerolas y se cruza con la sociología, nutrición, antropología, política y economía”. Esta asociación cuenta con un total de más de 200 integrantes aunque cada día envían y reciben una gran cantidad de solicitudes de gente que quiere formar parte. En cuanto a lo económico, es un proyecto que no cuenta con apoyo estatal ni de ninguna otra ONG, sino que tanto el armado como la logística y eventos corren por cuenta propia. “Hacemos todo a pulmón. Armar un colectivo es una tarea bastante ardua sobre todo porque hay que resignar las posturas individuales en función de un objetivo común pero tratamos de llevar a cabo las tareas que nos distribuimos para demostrar esa unión gastronómica femenina”, detalló Raquel Tejerina, una de las miembros de M.I.G.A y dueña del restaurante porteño Catalino.

Las reflexiones en materia de género es otro de los objetivos principales de la asociación ya que buscan crear un canal de comunicación para analizar no sólo conflictos o situaciones de desigualdad laboral y profesional sino también para difundir logros. “La diferencia de salarios u horarios, el maltrato, el acoso, el abuso y la descalificación permanente son situaciones con la que se chocan todas las mujeres en la alta cocina. Pero la gastronomía está cambiando gracias a los avances de estas mujeres aguerridas que lograron forjar su lugar y plantarse con mucha actitud”, expuso Tejerina quien en su restaurante tiene empleadas a más mujeres que hombres y trata a todos por igual. “No me veo, ni me creo mejor, ni peor, ni distinta, sino que me manejo de la misma manera que un hombre. Lo único que nos diferencia es la fuerza, quizás solas no podemos levantar una bolsa de varios kilos de verduras por ejemplo, pero sí podemos hacerlo entre dos”, explicó la chef profesional. Está claro que la desigualdad de género se da de manera diferente en cada área, una de ellas es el ambiente de la coctelería donde las mujeres brillan y son muy destacadas aunque, de acuerdo a un informe de Mapa de Barmaids, alrededor del 70% alguna vez sufrió abuso y maltrato de parte de sus jefes o dueños del establecimiento.

Durante el período de aislamiento social, M.I.G.A tuvo que frenar sus actividades presenciales aunque encontraron la manera de seguir en movimiento de manera virtual. En sus redes sociales están visibilizando y posteando historias de mujeres de este rubro, que le encontraron una alternativa a esta crisis presentando las dificultades comunes que atraviesan. “Como la red más fuerte es Instagram iniciamos con esta serie de posteos para que sirvan de inspiración a otras mujeres de la gastronomía que están en un momento de no vislumbrar la salida en estos momentos”, comentó la fundadora De Michelis. La pastelera Flor Cantor fue una de las emprendedoras rosarinas que sumó su video a la página contando sus estrategias para poder llevar a cabo su negocio Luludi en tiempos de pandemia. “Estamos repartiendo nuestros productos de casa en casa y nos está yendo bastante bien porque vamos creando en base a la demanda que tengamos. La idea es desprenderse de los grandes objetivos que teníamos a principio de año y amoldarnos a la situación actual”, señaló Cantor. Sin dudas, la utilización de las redes en estos casos sirven para compartir y saber de otros conocimientos, experiencias y luchas tanto en lo personal como en lo profesional.

El trabajo de las cocineras no termina de visibilizarse y gracias al trabajo de organizaciones como M.I.G.A, cada vez falta menos para llegar al resultado que se proponen. Es preciso afrontar el debate de los horarios laborales, la conciliación y corresponsabilidad y llegar a construir esa igualdad a través del empoderamiento en un ámbito en el que el machismo sigue siendo uno de sus peores ingredientes.

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